¿Cómo plasmar tus ideas sin ningún impedimento?

Mi experiencia en el Taller de Cuento y Poesía

por José Luis Herrera Jiménez

Antes que todo, quiero presentarme: me llamo Joselo y soy alcohólico… no es cierto… ¡se me fue el patín! Actualmente, estoy cursando el segundo semestre de la Especialización en Computación y Educación. Estoy haciendo una tesina que trata sobre la aplicación de las herramientas de la informática en el proceso enseñanza aprendizaje, en los alumnos de bachillerato general, en la materia de Geografía… ¡uf!

Como hace 10 años, cuando estaba haciendo mi servicio social, visité la Universidad Pedagógica Nacional y me gustaron mucho las instalaciones. Me hice el propósito de alguna vez regresar como estudiante… y que se me cumple el deseo. Me he dado tiempo de recorrer toda la Universidad, ir a ver juegos a las canchas, entrar a los comedores, estar en la biblioteca, en fin, me la he pasado muy bien. En un futuro y si hay oportunidad, me gustaría cursar la Especialización en Educación Ambiental.

¿Por qué me inscribí al taller de Cuento y poesía?

La poesía era algo que yo desconocía. Desde muy pequeño, se me indujo al estudio de las ciencias sociales y naturales; especialmente, la Historia y la Biología. Eso quiere decir, que lo único que conocí en ese momento, fue una especie de narrativa. Recuerdo muy poco sobre poemas que haya yo visto en la educación primaria y secundaria. El único poema que se quedó grabado en mi alma fue el de José Martí, el que dice algo así por el estilo:

“Cultivo una rosa blanca, en junio como en enero”, dicho poema se puede escuchar en una famosa salsa, que, en este momento, se me olvida el nombre. También la poesía la relacionaba con aquellos versos cursis que les dedicaban a las muchachas, para ganar sus favores. Pero por lo mismo que estaban muy cursis, me producían rechazo.

Lo que siempre me gustó, fue el cuento. Mi favorito es el del Ramayana, aquél cuento en que unos changos ayudan a cruzar al héroe el estrecho de Palk, que se localiza ente India y Sri Lanka.

Si mis queridos lectores me lo permiten, “me voy a morder la cola”: he recordado aquél poema de Manuel Acuña, el “Nocturno a Rosario”. Alguna vez se lo recité a una chica en la preparatoria… y lo utilicé con los mismos fines, que critiqué al comienzo de éste devaneo intelectual.

Me inscribí al curso para encausar las ideas locas que a veces me llegan a la mente y poderlas plasmar de una forma correcta y elegante en el papel. Porque han de saber apreciables y distinguidos lectores, soy de ésa generación, que aún escribe en papel.

¿Qué esperaba yo aprender del curso?

Simplemente esperaba complementar mi formación como especialista e incorporar lo que aprendiera en el taller a mi tesina. Ya me había imaginado siendo felicitado por el rector de la UPN y aclamado por los presentes en el Auditorio Lauro Aguirre y todo por presentar una tesina sui generis, una mezcla de contenidos tomados del taller Cuento y poesía con los temas de computación.

Esperaba egresar del curso como todo un poeta… me di cuenta que eso de encontrar la rima y respetar el número de sílabas en el verso es algo muy complicado. Sólo la práctica, con más práctica y práctica de la práctica se logra alcanzar esa meta. Creo que mi personalidad no ayuda en mucho, ya que soy renuente a exponer mis escritos a otras personas. Lo que encontré en el taller, fue un respeto a las ideas de los demás. La doctora Gonzáles Matute, la titular del taller, tiene mucha tolerancia con sus alumnos. Es una escritora prolífica, que tiene muchos libros de poesía publicados.

Me dediqué a escribir cuentos de mis gatos, también hice un guión para una animación que incorporaré a mi proyecto de tesina y traté de componerle a mi gato de nombre Verde, una oda. Apenas llevo como cinco estrofas, espero que pronto la concluya.

¿En qué contribuyó a mi formación personal y profesional?

En lo referente a mi formación académica, me siento como el protagonista de aquella serie de Nickelodeon de nombre Avatar, la Leyenda de Aang: cuando en una pelea al Avatar se le cierra el chacra de la espalda. En su última pelea, en la que se enfrenta Aang con El señor del Fuego, Avatar está por perder y de repente, éste choca contra una piedra picuda, la cual le abre de nuevo el chacra.

La analogía anterior la hice porque ahora puedo sentarme y plasmar mis ideas en el procesador de texto o en el papel, sin ningún impedimento. Antes del taller, escribía más por obligación que por gusto. Ya que tengo la intención de seguir con mi trayectoria académica, lo aprendido en el taller, me ayudará a escribir, rápidamente mis ideas.

Agradezco al lector, que me haya regalado unos minutos de su tiempo, para prestarle atención a este montón de palabrería. Sólo queda animar a que los alumnos de la UPN, se inscriban a los talleres y que complementen su formación académica, con alguna de las Bellas Artes que imparte la Dirección de Difusión Cultural, a ellos, muchas gracias. Gracias de nuevo a la doctora Ana Rosa González Matute, quien imparte el taller de Cuento y Poesía.

 

 

 

 

 

 

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  • Última Actualización:Miércoles 21 Febrero 2024.
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